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Freud: ¿Genio o víctima de su sed de fama?

Por Lic. Luciana Antonetti

En ocasiones se piensa que el movimiento psicoanalítico creció de manera espontánea, como resultado de las obras escritas por Freud y debido al éxito de sus métodos terapéuticos. Esto es verdad en el sentido que sus trabajos llegaron muy lejos, ¿pero puede creerse que Freud se mantuvo cómo un espectador pasivo frente a los acontecimientos que permitían el desarrollo del movimiento?, ¿qué perseguía con sus extraños e inquietantes conceptos?, ¿es cierto que buscaba solamente la fama y el éxito o tales imputaciones suponen una incomprensión de su modo de proceder?, ¿es probable que Freud fuera verdaderamente un genio por naturaleza y un investigador concienzudo, y que las acusaciones que contra él recaen sean erigidas por quienes sólo intentan desacreditarlo?

Entre quienes han escrito de forma exhaustiva sobre el psicoanálisis apuntaron con reiteración, que el propio Freud se identificaba de forma consciente con Moisés, y con las dimensiones proféticas y mesiánicas de su carácter. “Una de las características más importantes de la personalidad mesiánica era la de actuar siempre como un transgresor audaz. Mesías es aquella persona que ‘aparenta’ tener una fuerza interior dispuesta a atacar abiertamente a las autoridades establecidas o a desobedecer leyes y tabúes para favorecer su propia causa. Al transgredir de forma sistemática los tabúes, alivia a sus seguidores del peso de la culpa y la ansiedad que, si no sentirían como consecuencia de enfrentarse a sus mayores o a las ortodoxias establecidas”. En cambio, otros autores aceptan a Freud en su justa valía suspendiendo el escepticismo, y le han otorgado de forma reiterada un lugar destacado, casi sobrenatural.
Por lo tanto tomando como base estas posiciones extremas, su obra ¿fue resultado de su inherente genialidad o de su insaciable hambre de éxito motivada por un profundo temor a lo corriente?, ¿o tal vez podríamos considerar probable que la verdad acerca de Freud reside en un término medio?
Este informe, tratará de echar luz sobre este asunto, con la ayuda de los trabajos realizados por los siguientes autores: Ernest Jones, Henri Ellenberger, Frank Sulloway, Peter Gay, Richard Webster y el propio Sigmund Freud.

Freud: ¿Genio o víctima de su sed de fama?

Freud nace en 1856 en Freiburgo, había nacido envuelto en la membrana del amnios, lo que indujo a su madre a pensar que esto era un presagio de celebridad. Ernest Jones, quien escribió la primera biografía importante dedicada a la vida de Freud, dice al respecto: “Había nacido con la cabeza cubierta por una membrana fetal, hecho que se interpretó como signo de felicidad y fama”.
La creencia supersticiosa de la madre de Freud le fue transmitida desde su más tierna infancia; lo que iría moldeando su propio carácter. “Manto y ropaje del héroe venían tejiéndose, pues, para él, desde la misma cuna”.
De ahí que más tarde el mismo Freud escribiría: “Cuando un hombre ha sido el favorito indiscutido de su madre, logra conservar durante toda la vida un sentimiento de vencedor, esa confianza en el éxito que a menudo conduce realmente al éxito”.
En 1860, su familia se trasladaría a Viena, donde Freud cursó sus estudios. Su padre también solía tratarlo como alguien especial y le había enseñado a leer y a escribir mucho antes de mandarlo al colegio privado. Fue tan primordial su educación, que toda la familia estaba a su entera disposición. Por lo tanto, se le asignó el Kabinett, una estancia separada del resto de la casa, con el fin de que sus estudios no fueran interrumpidos. Sin embargo, esto fue a cambio de su aceptación de los mandatos paternos, pero siempre cabía la posibilidad de serle quitado si no satisfacía tales requerimientos. Con sólo ocho años empezó a leer Shakespeare y también se convertiría en un experto lingüista. Esto llevó a que Freud ingresara a los nueve años, al instituto de enseñanza secundaria, y conservara así el primer puesto en el Gymnasium gozando de una situación privilegiada. En su autobiografía cuenta que a pesar de que la posición económica no era desahogada, su padre le permitió dedicarse a sus inclinaciones para elegir una carrera a seguir. Por consiguiente, cursa estudios en medicina, decidido, por razones que su biografía permite atisbar, a convertirse en un científico natural, a pesar de que como él mismo lo afirma le interesaban sobre todo los asuntos humanos, más que los objetos naturales.
Fue en la universidad, donde comenzó a preocuparle la idea de su pertenencia a la confesión israelita que lo colocaba según él, en una situación de inferioridad. Sin embargo, rechazó con toda energía toda preocupación: “La universidad, a la que ingresé en 1873, me deparó al comienzo algunos sensibles desengaños. Sobre todo me dolió la insinuación de que debería sentirme inferior y extranjero por ser judío. Desautoricé lo primero con total decisión. Nunca he concebido que debiera avergonzarme por mi linaje o, como se empezaba a decir, por mi raza; y renuncié sin lamentarlo mucho a la nacionalidad que se me rehusaba. Creía que sin esa afiliación había en el marco de la humanidad un lugarcito para un celoso trabajador científico. Ahora bien, estas primeras impresiones que recibí en la universidad tuvieron una consecuencia importante para una tarea posterior, y fue la de familiarizarme desde temprano con el destino de encontrarme en la oposición y ser proscrito por la ‘compacta mayoría’. Así se preparaba en mí una cierta independencia de juicio”.
En ese entonces, comienza su carrera de investigador trabajando en el Departamento de Zoología de la Universidad, posteriormente ingresa en el Laboratorio de Fisiología de Ernst Brücke, donde se dedica al estudio del sistema nervioso. Allí conoce a Breuer, un destacado médico que ejerce una influencia decisiva en Freud respecto de la creación del psicoanálisis.
En 1882 ocupa un puesto en el Hospital General de Viena, preparándose para la práctica de la medicina. Pero cuando en l883 ingresa en su Departamento de Psiquiatría, dirigido por el profesor Theodor Meynert, cuyo interés se centraba en la anatomía del cerebro humano, se siente intelectualmente estimulado.
A los treinta años Freud ya se había demostrado a sí mismo que era un investigador de talento en el campo de la anatomía neurológica, y parecía tener el futuro asegurado. Pese a esto, parecería que sólo podía evaluar sus propios logros en relación con las expectativas que tenían sus padres.
Al cumplir treinta y cinco años su padre le obsequia una Biblia con la siguiente dedicatoria:
“Mi querido hijo:
Fue después de cumplir tus seis años de edad que el espíritu de Dios comenzó a inclinarte al estudio. Yo diría que el espíritu de Dios te habló así: ‘Lee Mi Libro, en él verás abrirse para ti fuentes de conocimiento y de inteligencia’. El Libro de los Libros; es el pozo que han labrado los hombres sabios y de donde aquéllos que han establecido las leyes han tomado el agua de sus conocimientos.
Has tenido en el Libro la visión del Todopoderoso, con buena voluntad has escuchado, has obrado y has tratado de volar alto sobre las alas del Espíritu Santo…”.
Richard Webster en su libro Por qué Freud estaba equivocado, menciona esta dedicatoria que escribió Jakob Freud en hebreo, en la Biblia que regaló a su hijo y comenta: “Estas extraordinarias palabras explican con claridad que el padre consideraba a Freud una persona especial, no sólo de forma mundana sino religiosa. De hecho el significado literal de la dedicatoria de Jakob sugiere que, al menos en cierto modo, veía a su hijo en relación íntima con el propio Dios, una relación que sería consumada a través de su actividad científica”.
Podría decirse entonces que la misión de Freud surgió del anhelo de sus padres, de la venida de un mesías judio, ya que veían su éxito académico juvenil casi con respeto religioso.
Además de la presión psicológica a la que estuvo sometido, tuvo que hacer frente a los problemas financieros derivados de su compromiso matrimonial con Martha Bernays, con la que se casa en 1886.
Su ambición por ganar un lugar respetable entre los médicos reconocidos de su tiempo, lo llevó a cometer algunos errores. El episodio más desafortunado fue el recomendar abiertamente el uso de la cocaína, práctica que mantuvo desde el año 1884 hasta 1887, llegando a medicar a su madre, a su padre, a sus hermanas y a su esposa. Después de haberla experimentado en él mismo y en numerosos amigos, colegas y pacientes, llegó a la conclusión de que la cocaína era “una droga mágica” . Freud muy pronto intuye la posibilidad de usar la cocaína como analgésico local. Sumido en su entusiasmo, le comenta sus hallazgos a un amigo suyo, un oculista de nombre Koller. Mientras Freud interrumpe su investigación para ir a ver a Martha, Koller envió al Congreso de Oftalmología de Heidelberg, algunas observaciones acerca del uso de la cocaína como anestésico local en cirugías del ojo. Este hecho representó un gran golpe para Freud, quien se sintió traicionado y resentido con Koller casi toda su vida. Otro duro revés para Freud lo constituyó el caso de un gran amigo, Ernest von Fleischl-Marxow, quien había contraído una enfermedad incurable que le producía terribles dolores. Freud comienza a tratarlo con cocaína; pero este tratamiento lejos de mejorar su condición, lo vuelve adicto y precipita su muerte. Este apoyo inicial de Freud al consumo de la droga fue tachado de irresponsabilidad y con ello la actividad socio-profesional de Freud se tambaleaba entre la incertidumbre y la deshonra. El episodio de la cocaína ensombreció la carrera médica de Freud. Pero como transcurrió un tiempo antes de que se descubriera la gravedad de su error, esto no impidió su gradual progreso en el mundo académico.
En 1885, una beca del gobierno le permite viajar a París para realizar 19 semanas de estudios en el Laboratorio Patológico del neurólogo europeo de mayor prestigio: Charcot, director del hospital La Salpêtrière, dedicado a la investigación y tratamiento de la histeria. Este lo introduce en el estudio de los desórdenes mentales específicos y en el uso de la hipnosis para la cura de las parálisis histéricas, parálisis que no tenían una causa orgánica.
Cuando regresa de Paris renuncia al Hospital y abre su consultorio privado como especialista en enfermedades nerviosas. De ahí en más se adentra en el estudio de las neurosis, de los métodos para su curación.
Ya en 1880 Breuer había despertado un profundo interés en Freud al comunicarle el tratamiento de una paciente histérica por medio de la sugestión hipnótica. Recién en 1893 ambos publican un informe preliminar conjunto sobre la histeria, pero a esa altura Freud ya se había distanciado de Breuer y de sus hipótesis. Las diferencias entre ellos no se limitaron al campo profesional. A través de su vida Freud, pasa por períodos de amistad y admiración por ciertas personas, con las que a menudo termina rompiendo definitivamente.
El largo y arduo camino que habría de conducir a la construcción de la teoría psicoanalítica había comenzado. Al respecto Freud dice: “… algunos adversarios del psicoanálisis suelen acordarse ocasionalmente de que este arte no fue iniciado por mí, sino por Breuer. Esto no sucede, claro está, sino cuando su situación les permite reconocer algo estimable en nuestra disciplina, pues en caso contrario el psicoanálisis es indiscutidamente obra mía. (…)Pero habiendo reconocido hace ya mucho tiempo como destino inevitable del psicoanálisis el de excitar la contradicción y el disgusto de los hombres, me he decidido a considerarme como el único autor responsable de sus caracteres fundamentales.”
Con el interés de dar a conocer sus ideas, en varias ocasiones, Freud se vio en la necesidad de referirse a los orígenes del psicoanálisis. En 1914 escribió y publicó Historia del movimiento psicoanalítico, donde una vez más retoma el tema y comienza haciendo referencia a las conferencias que, en 1909, había pronunciado en la Clark University; oportunidad en la que introdujo el psicoanálisis en la Universidad americana. En este texto, Freud da cuenta de cómo entiende este movimiento que él organizó y cuenta su historia. En la ocasión, Freud comenta acerca de sus discípulos, de sus seguidores y de sus adversarios. El propio Freud dice: “Siendo el propósito del presente trabajo trazar la historia del movimiento psicoanalítico, no habrá de extrañar su carácter subjetivo ni la preponderancia en él de mi propia persona. El psicoanálisis es, en efecto, obra mía. Durante diez años fui el único en ocuparme de él, y todo el disgusto que su aparición provocó cayó sobre mí, haciéndome contemporáneo de las más diversas y violentas críticas. Todavía hoy, no siendo ya el único psicoanalista, me creo con derecho a sostener que nadie puede saber mejor que yo lo que es el psicoanálisis, en qué se diferencia de los demás procesos de investigación psíquica y qué es lo que puede acogerse bajo su nombre o debe ser excluido de él”.
Hasta aquí una breve reseña de los acontecimientos primordiales en la vida de Freud, lo que otra vez lleva a preguntarnos: ¿Freud fue un ser humano corriente, presionado por su entorno y su avidez de triunfo o un valiente genio que triunfó sobre sus múltiples limitaciones, demostrando así su talla heroica?
Intentaremos buscar una respuesta a este dilema, a través de las obras de diferentes autores que escribieron sobre Freud. Algunos de estos trabajos toman posturas de defensa y otros son detractores.
Así, la primera y más importante biografía, fue la realizada por Ernest Jones. En sus tres volúmenes, Jones pretendía refutar todas las “falsas historias” que giraban alrededor del maestro. Para ello consideraba que la única manera de rebatir esos enfoques negativos, era investigando a fondo los secretos biográficos, para acceder a una exposición completa de su vida pública y privada. Contó en su tarea con la activa cooperación de la familia de Freud y tuvo acceso a miles de cartas privadas y documentos, nunca publicados antes. Así pudo ofrecer un cuadro completo de la personalidad y la vida íntima de este hombre, y una evolución del ambiente y las influencias que lo condujeron a sus descubrimientos sobre la conducta humana. Muchos autores, señalan que Jones retocó la realidad para que no discrepara con el retrato que pretendía crear. Retrato que el mismo Freud ya había creado basándose en el mito de solitaria grandeza. En la Historia del movimiento psicoanalítico Freud dice: “La interpretación de los sueños fue para mí un consuelo y un apoyo en aquellos primeros años difíciles, en los que, habiendo de dominar simultáneamente la técnica, la clínica y la terapia de las neurosis, me hallaba totalmente aislado y temía, a veces, perder la orientación y la seguridad en medio de la maraña de problemas y la acumulación de dificultades en que me debatía”.
Si bien la biografía de Ernest Jones ejerció, gran influencia sobre el estudio del psicoanálisis, también se han escuchado otras voces menos ortodoxas. Es el caso de Henri Ellenberger, quien en El descubrimiento del inconsciente, plantea su estudio sobre la historia de la psiquiatría dinámica. En la introducción a su libro deja sentado claramente como fue su investigación: “La primera tarea fue la de repasar la historia de la psiquiatría dinámica del modo más exacto posible, separándome de la perspectiva de ‘culto al héroe’ de ciertos relatos antiguos y manteniendo un punto de vista rigurosamente imparcial, con abstención de cualquier tipo de polémica”. Esto es lo que le critica a los aportes que Freud realizó a la psiquiatría, ya que se ven envueltos en un alo mítico donde es muy difícil separar el mito de la realidad. En la opinión de Ellenberger hay dos cuestiones que explicarían el carácter legendario de la figura de Freud. La primera, es la del héroe solitario que lucha contra sus enemigos, continúa progresando en silencio y sale victorioso a pesar de todo. La segunda cuestión, es proclamar la originalidad absoluta de Freud, dejando de lado el contexto científico y cultural en que se desarrolló el psicoanálisis.
Al tratar a Freud, la mayoría de los autores ha considerado que sus teorías surgieron, plenamente formadas, de su propio sistema de pensamiento, sin precedentes científicos. El Sigmund Freud de la leyenda es una figura heroica que inventó una “psicología pura” independiente de cualquier otra anterior teoría de la mente. El doctor Frank Sulloway, no acepta esta pretensión. En realidad, como ha mostrado en su libro Freud, biologist of the mind: Beyond the psychoanalytic legend, esta “originalidad absoluta” es un mito, y dice al respecto: “Over the years, these psychoanalytic devotees have cultivated a complex and politically expedient mythology about their collective past, a mythology that ranks as a fascinating accomplishment in this own right”. Las ideas evolucionistas del siglo XIX ejercieron una enorme influencia en la formación del pensamiento de Freud. Para dar cuenta de esto examina en detalle el contexto científico y cultural en que Freud creó el movimiento psicoanalítico. Llega a la conclusión de que muchas de las hipótesis formuladas por Freud se apoyaban en teorías biológicas de su tiempo. Por lo tanto, presenta a Freud como un pensador falto de originalidad, influido por las teorías erróneas y a veces extrañas de sus contemporáneos y predecesores. Pero, rescata la imagen de Freud, al establecer que la deuda fundamental era con Darwin, y al presentarlo como precursor de los sociobiólogos contemporáneos. En palabras del autor: “In my title I have used the word biologist in conjunction with mind to denote the broad spectrum of approaches that characterized Freud’s approach to the psyche. Freud was a ‘biologist of the mind’ in the same broad sense that Darwin was…” Por lo tanto, Sulloway concluye diciendo que la leyenda de Freud sobrevivirá a toda objetividad académica.
Peter Gay, admite en su libro Freud: Una vida de nuestro tiempo, la existencia de muchas objeciones al psicoanálisis sin sacrificar la lealtad al fundador ni abandonar su imagen de genio o héroe científico. Aunque se añadan o se quiten ciertos detalles, el perfil básico de la leyenda de Freud permanece inalterado. Al respecto dice: “Freud ha sido llamado genio, fundador, maestro y, con no menos énfasis, autócrata, plagiario, fabulista, el más consumado de los charlatanes”. “Su vida ha dado pasto inagotable a la insinuación, la especulación, y la creación de mitos…”. “Golpear al psicoanálisis golpeando a su creador. Se ha convertido en una táctica común, como si designar con éxito el carácter de este último equivaliera a destruir su obra”. Esculpió a Freud en su amplio contexto cultural y científico, con sus méritos y sus rencores. En palabras de Gay: “Como historiador, situé a Freud y su obra en el seno de sus diversos ambientes: la profesión psiquiátrica que él subvirtió y revolucionó, la cultura austriaca en la que se vio obligado a vivir como judío no creyente y médico no convencional, la sociedad europea que durante el tiempo en que él vivió sobrellevó los espantosos traumas de la guerra y las dictaduras totalitarias, y la cultura occidental como un todo, una cultura cuyo sentimiento acerca de sí misma el propio Freud transformó más allá de todo reconocimiento para siempre”. Consigna este biógrafo que Freud fue en efecto “el conquistador” (palabra que usó en español para autorretratarse) de nuevos mundos; negó al fin de sus días que fue “un grande” aunque descubrió “grandes temas”. Con respecto a su libro Gay dice: “Este libro es la historia de sus conquistas. Se verá que la más dramática de esas conquistas, aunque incompleta, fue la de sí mismo”. Para ello Freud, navegó en tres caudalosas corrientes: el racionalismo crítico, la cultura alemana y el judaísmo. El racionalismo le estampó el impulso científico y el afán por las profundidades. Por otra parte, la cultura alemana le facilitó un idioma científico dominante en su tiempo, aparte de la disciplina del quehacer universitario y el denso tráfico de ideas y conjeturas. Y también una jerarquización odiosa entre profesores y alumnos y la resistencia indefectible a nuevas hipótesis. Y en fin, el judaísmo es su orbe antropológico, por origen y por elección, jamás lo denostó.
Gay repasa los pasos del psicoanálisis, que no se desenvuelven en una senda puramente intelectual. Como impulsor de un paradigma, Freud debe movilizar los ambivalentes recursos del político. Gay los examina con cuidado, al igual que cada libro y cada página de Freud: el mensaje medular, su contexto, las implicaciones. Y el biógrafo revela lo que Freud tal vez quiso ocultar: sus odios y preferencias, sus traumas indispensables y la recurrente depresión. El autor dice: “En el curso de una carrera de arqueólogo de la mente, prolongada y sin límites, Freud desarrolló un cuerpo de teorías, investigaciones empíricas y técnicas terapéuticas que, en manos de un biógrafo escrupuloso, puede descubrir los deseos, las angustias y conflictos del propio maestro, un amplio repertorio de motivos que sin dejar de ser inconscientes constituyeron a dar forma a su vida. Por lo tanto, no he vacilado en emplear tales descubrimientos y, en la medida de lo posible, tales métodos, para explorar la historia de la vida de Freud”. “No he escrito este libro para halagar ni para denunciar, sino para comprender”.
Richard Webster en cambio, realiza una biografía crítica intelectual de Freud y dice: “Detrás de la leyenda se halla la realidad de un hombre que parece haber sido conducido de forma compulsiva a persuadir a los demás de que le consideraran un héroe de dimensiones casi sobre naturales”. En su libro hace un recorrido sobre la vida y la obra de Freud; para dar cuenta de ello utiliza todo el material relevante disponible. Deja clara su postura, distinta a la de otros biógrafos: “Sin embargo, si bien la pasión de Freud por la fama, y por su prestigio personal en particular, eran a todas luces los elementos más importantes de su carácter psicológico, sus biógrafos se han mostrado reticentes a abordar y demostrar a fondo esta pasión del maestro”. En otro párrafo de su obra Webster dice: “El pretendido objetivo de la voluminosa biografía de Freud escrita por Ernest Jones, en consecuencia, estribaba en refutar toda la retahíla de ‘falsas historias’ que circulaban acerca del maestro, las cuales, en su opinión, ‘se iban acumulando paulatinamente, dando cuerpo a una leyenda falaz’”.
Después de realizar este recorrido a través de las obras de los autores mencionados anteriormente, sólo nos queda pensar, que la controvertida imagen de Freud ha sido llevada desde la veneración hasta la crítica más despiadada. Por lo tanto, es tarea difícil rescatar la figura de Freud genio y creador de sus propias teorías, del hombre ambicioso y ávido de éxito, que se construyó a sí mismo en pos de su propio beneficio.

Comentarios finales:

A lo largo del trabajo tratamos de reflejar los diversos enfoques y controversias sobre la vida y la obra de Freud, y el grado de reverencia o escepticismo que diferentes autores han mostrado hacia este mito histórico; sin poder arribar a una conclusión definitiva. No obstante podríamos decir que si el movimiento psicoanalítico no fuera importante o si no hubiera ejercido tanta influencia, se podría ignorar o refutar con pocas palabras. La influencia de Freud en la vida intelectual contemporánea ha sido tan grande y sus hipótesis psicológicas han demostrado ser tan imperecederas, que resulta difícil examinar de nuevo el comportamiento humano, sin tenerla en cuenta. Volviendo a la pregunta inicial: ¿su obra, fue resultado de su inherente genialidad o quizás de su insaciable hambre de éxito motivada por un profundo temor a lo corriente?, es entonces inevitable remitirse a un Sigmund Freud que fue dominado toda su vida por un afán épico. También considerar con cierto detalle qué hay detrás de esa sed suya de fama, hasta qué punto su necesidad compulsiva de prestigio puede haber engendrado sus teorías psicológicas o si fueron esas mismas teorías, por su profundidad y agudeza intelectual, las que generaron la celebridad de Freud. Más allá de esta especulación, el tiempo de Freud es un tiempo de transición y de crisis y él fue uno de sus protagonistas; rodeado de grandes lealtades, enfrentado furiosamente a los enemigos, trabajando con fervor por los ideales revolucionarios del conocimiento de la mente y de la vida de los hombres. A través de innumerables versiones de la temprana historia del movimiento psicoanalítico se nos presenta de forma recurrente una misma imagen. Es la imagen de Freud como héroe aislado y mesías solitario que lucha por la verdad en un mundo que le es hostil.
Por otra parte fue un hombre de religión judía, hijo de un padre mayor y sumiso y de una familia extensa y de recursos económicos a veces bastante limitados; todos estos condicionamientos lo habrían llevado a querer sobresalir por temor al rechazo o a no cumplir con todas las expectativas en él depositadas. Lo que nos haría pensar que fue dominado durante toda su existencia por un ansia de conocimiento y, aunque siempre lo rechazaba, por un alto espíritu especulativo. Más que un terapeuta e incluso un clínico, fue un investigador científico positivista heredero de la Ilustración, de Darwin y Newton. Además fue un caballero de gran cultura y erudición, que fue capaz de dar un salto dramático hacia las profundidades de sí mismo y de los demás, apoyado en los ideales del trabajo y del conocimiento científico y quizás también en ¿una gran ambición? Esta incógnita seguirá siendo tema de diferentes opiniones, lo que quedaría en claro es que la vida y la obra en el caso de Sigmund Freud están especialmente imbricadas entre sí.


Bibliografía:

Fuentes Primarias:

FREUD, Sigmund: “Historia del movimiento psicoanalítico” (1914), en Obras Completas, Madrid, Biblioteca Nueva, Traducción López Ballesteros, 1973, Tomo II.
FREUD, Sigmund: “Psicoanálisis. Cinco conferencias pronunciadas en la Clark University” (1909), en Obras Completas, Madrid, Biblioteca Nueva, Traducción López Ballesteros, 1973, Tomo III.
FREUD, Sigmund: “Presentación Autobiográfica” (1925), en Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1993, Tomo XX.
JONES, Ernest: Vida y obra de Sigmund Freud, 1ª edición, Buenos Aires, Paidós, 1960.

Fuentes Secundarias:

ELLENBERGER, Henri F.: El descubrimiento del inconsciente. Historia y evolución de la psiquiatría dinámica, Madrid, Gredos, 1976.
GAY, Peter: Freud. Una vida de nuestro tiempo, Buenos Aires, Paidós, 1989.
SULLOWAY, Frank: Freud, biologist of the mind: Beyond the psychoanalytic legend, Cambridge, Massachussets, Hardvard University Press, 1992.
WEBSTER, Richard: Por qué Freud estaba equivocado. Pecado, ciencia y psicoanálisis, 1ª edición, Buenos Aires, Planeta, 2002.

 


 

 

 
 
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