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Utilidad de la escritura en la Psicoterapia

Gustavo Lanza Castelli (*)

“…los pacientes que andan mejor en la psicoterapia y que mantienen los beneficios de la misma son aquellos que piensan que los cambios realizados han sido, ante todo, resultado de sus propios esfuerzos”  (Asay, Lambert, 1999 ).

En el panorama de la psicoterapia contemporánea encontramos algunas tendencias generales que son independientes de los distintos marcos teóricos vigentes. Dos de ellas me parecen relevantes para el tema que deseo desarrollar en esta nota. La primera tiene que ver con el acortamiento del tiempo de trabajo conjunto paciente-terapeuta, sea porque el ritmo de trabajo es de sólo una sesión por semana (a diferencia de lo que ocurría tiempo atrás en el campo psicoanalítico), sea debido a la generalización de los tratamientos breves o de duración limitada, que son los que brindan los seguros de salud.
Por otro lado, la otra tendencia tiene que ver con un énfasis creciente en la importancia de que el paciente tenga una posición activa, participativa y protagónica en el proceso terapéutico, para que éste rinda sus mejores frutos, tal como dice la frase de Asay y Lambert que figura como epígrafe de esta nota.

Por mi parte, coincidiendo plenamente con esta última tendencia, agregaría que considero que este protagonismo no tiene por qué quedar acotado al tiempo de trabajo en común durante la hora de sesión, y que puede ser trasladado, provechosamente, al tiempo que media entre una sesión y la siguiente, de modo tal que el paciente realice un trabajo complementario que pueda enriquecer el trabajo conjunto. Múltiples investigaciones, llevadas a cabo a lo largo de más de 20 años, avalan la importancia de este trabajo y lo mucho que contribuye a los buenos resultados terapéuticos (In Session, 2002).
Algunas veces es el paciente mismo el que encuentra instrumentos que le ayudan a continuar y ahondar el proceso terapéutico en la semana (pintura, fotografía, lectura, escritura, técnicas de relajación o meditación, trabajo corporal, etc). No obstante, opino que es interesante proponerle algún tipo de herramienta para que pueda realizar este trabajo, particularmente si es una herramienta cuya utilidad ha sido corroborada suficientemente.
Considero que la escritura entre sesiones cumple esta condición y estimo que constituye una herramienta sumamente idónea para que el paciente lleve a cabo dicho trabajo a lo largo de la semana. Un formato posible (entre otros) para dicha escritura es el del diario personal, o, como prefiero llamarlo, el diario “de autoexploración” (Lanza Castelli, 2004).
En este diario el paciente puede retomar, en el tiempo que transcurre entre una sesión y la siguiente, alguno de los temas surgidos durante el trabajo en común con el terapeuta que le parecieron significativos, y vincularlos con acontecimientos ocurridos durante la semana, a los que puede enfocar ahora desde el nuevo punto de vista logrado en la sesión. Puede también tomar nota de los pensamientos y vivencias que le surgen en determinadas situaciones problemáticas, cuya detección y registro se revela de interés para el trabajo conjunto. O, mediante la anotación de alguna experiencia perturbadora puede lograr, por sí mismo, el esclarecimiento de un tema que le era conflictivo y entender el origen y sentido del mismo. Posteriormente, el paciente incluirá estos discernimientos en la tarea compartida con su terapeuta.
La práctica continuada de esta actividad favorece el incremento de la mentalización (Fonagy et al., 2002), particularmente en su vertiente autorreflexiva. Vale decir, este trabajo permite optimizar la capacidad para el registro, identificación y diferenciación de los propios pensamientos y movimientos afectivos, y favorece, asimismo, que el paciente incremente su capacidad para pensar acerca de su vida emocional e interpersonal, logrando con ello una mejor regulación emocional.
La experiencia muestra también que otro beneficio de esta actividad consiste en que, a través de esta práctica de escritura, el paciente se va apropiando del proceso terapéutico, incrementa su motivación e involucramiento con el mismo y advierte que él tiene mucho que ver con los resultados que se obtienen.
En lo que sigue, deseo ilustrar -con dos ejemplos- la utilidad que posee dicha práctica de escritura en situaciones clínicas concretas.

A) Una paciente de 23 años que se encontraba en un momento de su análisis en el que relataba frecuentes peleas y dificultades con su novio, decía que últimamente tenía discusiones telefónicas con él en las que éste se ponía a decirle cosas sin parar, en un tono de creciente hostilidad, y después le cortaba bruscamente.
Ella se quedaba angustiada, con un enojo sin desplegar y en un estado de parálisis y confusión respecto a lo que había ocurrido.
Le sugerí que escribiera lo que le viniera a la mente en esa situación. Así lo hizo y puso por escrito cómo se sentía y qué había pasado, en el momento mismo en que esto volvió a ocurrir.
Se aclaró entonces que él la presionaba para que hablara con sus padres a los efectos de que la dejaran quedarse a dormir en la casa de él [lo que para ella era, en ese momento, muy difícil de hacer], la presionaba por la diferencia de trato que los padres tenían para con la hermana [de la paciente], decía que la boludeaban, que los padres mismos eran unos boludos,  etc., etc.
La primera vez escribió en total 3 páginas. Se sintió mejor porque le resultó más claro qué era lo que el novio le había dicho y qué lo que ella pensaba y sentía al respecto. O sea, a medida que escribía iba entendiendo lo que había pasado y se aclaraba respecto de su propio pensamiento y sentimiento. Iba pudiendo sentir el enojo con él y  referirlo más claramente a esto o aquello que él dijera, y se sentía más fortalecida para encararlo en lo que éste le había dicho y debatir estas cuestiones (incremento en la mentalización). También notó, al terminar de escribir, que ya no tenía más angustia (incremento en la regulación emocional).
La razón de ser de estos rendimientos ha de buscarse en los procesos que transforman el pensar y vivenciar interior, a raíz de su traducción en palabras. Entre ellos encontramos: la configuración de lo pensado confusamente, la delimitación de estos pensamientos en unidades semántica y sintácticamente definidas, la exteriorización del pensar en un espacio exterior (el papel o la pantalla de la computadora), el cambio de estado (pasaje del estado fluyente del pensamiento al estado fijado de lo escrito) y el cuerpo que la escritura brinda al pensamiento. Esta serie de transformaciones permiten un monitoreo más preciso de los propios pensamientos, una mejor identificación de los mismos, un incremento en la posibilidad de reflexionar sobre ellos, la conquista de una distancia psicológica y, como resultado de todo ello, un incremento en el registro del afecto y en la regulación emocional. He estudiado con el mayor detalle estos, y otros procesos que implica el poner en palabras, en otro lugar  (Lanza Castelli, 2010).

B) Un paciente de 22 años, al que llamaremos Juan, incluye entre las razones por las que consulta (problemas familiares, conflictos con la novia) la dificultad para decidirse vocacionalmente. Ha comenzado dos carreras y las ha dejado porque se desalentaba y desinteresaba de los temas que estaba estudiando. No puede dar cuenta de por qué se desalienta, por momentos lo atribuye a que dichas carreras no le interesaban de verdad, por momentos dice que es su forma de ser, que él “es” inconstante.
En el momento en que consulta está comenzando a estudiar Filosofía, y tiene bastante entusiasmo, a la vez que temor de que nuevamente le ocurra lo mismo.
Le propongo, entonces, que comience a llevar un diario personal en el que ponga por escrito los pensamientos que pueda identificar surgidos antes, durante y después de la aparición del desaliento, así como de otras situaciones significativas de su vida relacionadas con sus otros problemas.
En las semanas posteriores a esta sugerencia, Juan trae otros temas a sesión, relacionados con dificultades en la relación con la novia. Trae muchas anotaciones en su diario a partir de las cuales comenzamos a trabajar esta  problemática.
Un mes y medio después retoma el tema del estudio a raíz de que, en las últimas dos semanas, ha tenido varios episodios de desaliento. Pudo registrarlos por escrito y lee entonces las siguientes anotaciones, que corresponden todas a días diferentes:

1) “Me despierto a las 6 de la mañana. Me levanto a escribir. Tengo un feo sentimiento de desaliento con la filosofía en el momento en que me despierto, como que nada se puede lograr, o que no voy a llegar a nada con eso, un sentimiento de insuficiencia y fracaso...”

2) “....con la filosofía estoy frenado. Dejé de leer el libro sobre Platón. Tengo un artículo que empecé a leer en francés, pero que quedó por la mitad. Hay algo que me frena a profundizar....”

3) “Anoche antes de dormirme estuve leyendo Feinman [Nota: se refiere a un artículo de José Pablo Feinman]. Hace un rato, cuando me desperté, sentía como algo de decepción respecto a la filosofía. Me parecía que Feinman era crítico al respecto. Pero ahora seguí leyendo y veo que no, que a él está a favor y siento un nuevo entusiasmo. Es como si lo hubiera puesto en un lugar de amo negativo. Me llama la atención el efecto de desaliento que me producía, y también, creo, algo como de abandonar el tema. Tiene que ver con esto mi inconstancia?”

4) “Recién leía un trabajo de Feinman, y todo el tiempo estaba con miedo de que dijera algo en contra de la filosofía. Por momentos me parece que tiene juicios críticos que me parecen medio autoritarios. Lo que más me llama la atención es que se me aparecía como un ojo o una voz crítica que me producía desaliento y tendencia a la interrupción de las cosas...”

Tanto Peter Fonagy como otros autores diferencian dos niveles en el funcionamiento de la capacidad mentalizadora. El primero de ellos tiene que ver con el monitoreo de la vida emocional, el registro y diferenciación de las diversas emociones y la simbolización de las mismas en representaciones secundarias, lo que es condición para que sea factible nombrar la experiencia como correspondiente a una emoción específica.
El otro nivel tiene que ver con la posibilidad de pensar sobre los estados mentales (incluidas las emociones), establecer relaciones entre ellos y conectarlos con las distintas situaciones con las que se hallan entrelazados. (Fonagy et al., 2002, Nichols, Stich, 2002, Dimaggio, Semerari, 2003).
Si consideramos las anotaciones precedentes desde este punto de vista, notamos una interesante progresión y complejización en las autoobservaciones del paciente. En la primera anotación del diario (“Me despierto a las 6 de la mañana. Me levanto a escribir. Tengo un feo sentimiento de desaliento con la filosofía en el momento en que me despierto, como que nada se puede lograr, o que no voy a llegar a nada con eso, un sentimiento de insuficiencia y fracaso...”), Juan consigna los resultados del monitoreo de sus emociones en el momento mismo en que éstas surgen. Vemos en este párrafo un refinamiento de dicho monitoreo, ya que en sus anteriores comentarios acerca del desaliento, el paciente había puesto el acento más bien en el desinterés que le producían ciertos estudios que previamente le habían parecido atractivos. Ahora, en cambio, registra un sentimiento complejo, compuesto de expectativas negativas respecto al futuro ("nada se puede lograr"), predicciones negativas respecto de sí mismo ("no voy a llegar a nada") y un sentimiento de menoscabo unido a una cualidad afectiva displacentera y autoderrotista ("sentimiento de insuficiencia y fracaso").
Es posible que esta complejidad fuera advertida previamente por Juan y que, en el momento del relato en sesión, la distorsión producida por la memoria sesgase y desfigurase su reproducción. También es posible que el entrenamiento que estaba logrando al poner por escrito los resultados de sus autoobservaciones lo habilitase para lograr un refinamiento mayor de las mismas. La práctica clínica con el uso del diario de auotexploración  muestra que ambas posibilidades son no excluyentes y que operan en porcentajes variables para lograr resultados equivalentes al aquí consignado.

En la segunda anotación (“....con la filosofía estoy frenado. Dejé de leer el libro sobre Platón. Tengo un artículo que empecé a leer en francés, pero que quedó por la mitad. Hay algo que me frena a profundizar....”) el paciente ya logra un cierto atisbo de que hay “algo” que lo está “frenando”. El estado emocional de estar frenado no queda cerrado sobre sí mismo sino que, en un paso de la mayor importancia, se le atribuye una causa, si bien todavía indiferenciada y mencionada como "algo". El paciente comienza a poder pensar acerca de su desaliento, con lo cual empiezan a conmoverse las atribuciones anteriores basadas en un supuesto "ser inconstante", las cuales cerraban el camino a una indagación en profundidad acerca de las razones de los diversos abandonos de actividades, que había padecido.

La tercera anotación es ya muy elocuente (“Anoche antes de dormirme estuve leyendo Feinman [Nota: se refiere a un artículo de José Pablo Feinman]. Hace un rato, cuando me desperté, sentía como algo de decepción respecto a la filosofía. Me parecía que Feinman era crítico al respecto. Pero ahora seguí leyendo y veo que no, que a él está a favor y siento un nuevo entusiasmo. Es como si lo hubiera puesto en un lugar de amo negativo. Me llama la atención el efecto de desaliento que me producía, y también, creo, algo como de abandonar el tema. Tiene que ver con esto mi inconstancia?”), en ella el  paciente ha logrado recordar, en el momento mismo en que surgía el sentimiento de desaliento -caracterizado ahora como "decepción respecto a la filosofía"-,  los pensamientos que le habían pasado por la cabeza poco antes de dormir, referidos a que Feinman era crítico en relación a lo que él estudia.
Juan logra entonces pensar, con más claridad, acerca de ese estado y discernir la causa del mismo en la palabra de un otro, valorizado y, a la vez, categorizado como crítico. El "algo" de la anotación anterior se ha especificado y ha adquirido contornos definidos.
A renglón seguido, discierne otra relación causal en la que, nuevamente, su estado emocional, esta vez de entusiasmo, es producido por la eficacia de la palabra atribuida al otro valorizado, caracterizado ahora  como estando a favor de la filosofía.
Poniendo el énfasis en la primera relación causal, Juan lo denomina "amo negativo", remarcando con ello el poder que le atribuye a su palabra. Consigna también cómo esta atribución es una producción de su propia mente ("...como si lo hubiera puesto en un lugar de amo negativo").
Discierne también la relación existente entre la crítica atribuida y su tendencia a abandonar el estudio ("...también, creo, algo como de abandonar el tema"). Tras esto, puede formular ahora un interrogante de índole general, basado en la situación que acabamos de comentar, pero que va más allá, e intenta comprender la razón de ser de una serie de situaciones equivalentes ("Tiene que ver con esto mi inconstancia?"). Vemos aquí un proceso de pensamiento más complejo, que generaliza a partir de lo discernido con claridad en esta ocasión. Con este nuevo paso, parece fuertemente conmovida la atribución de inconstancia a un "modo de ser".

La cuarta anotación, por último, retoma la comprensión conquistada en la anotación anterior (“Recién leía un trabajo de Feinman, y todo el tiempo estaba con miedo de que dijera algo en contra de la filosofía. Por momentos me parece que tiene juicios críticos que me parecen medio autoritarios. Lo que más me llama la atención es que se me aparecía como un ojo o una voz crítica que me producía desaliento y tendencia a la interrupción de las cosas...”). Su actitud temerosa anticipa las críticas y muestra una preparación respecto de las mismas. De este modo, ha logrado desarrollar una angustia señal ("...todo el tiempo estaba con miedo de que dijera algo en contra de la filosofía") que opera al servicio de poder detectar las "críticas" apenas éstas aparecen, con lo cual el poder de las mismas para producir efectos perturbadores, disminuye sensiblemente.
Juan logra discernir también, aún más claramente, las características fenoménicas de ese "amo negativo" ("...se me aparecía como un ojo o una voz crítica.."), así como su efecto en la producción del sentimiento de desaliento y la tendencia a la interrupción del estudio, en el momento mismo en que tal cosa ocurre ("...que me producía desaliento y tendencia a la interrupción de las cosas").
En las sesiones posteriores trabajamos a partir de este material, descubierto por él, tratando de entender qué objeto estaba ubicado en el lugar de este “amo negativo”, los motivos y formas de su crítica, las razones por las que Juan le otorgaba tanto poder, las raíces que tenía en su historia, etc. Así, pudimos detectar la tendencia del paciente a reproyectar un superyo crítico y desvalorizante que buscaba continuamente desmoralizarlo con comentarios tales como que “no iba a llegar a nada”, palabras éstas que el paciente posteriormente recordó como proferidas por su padre, con quien mantenía una relación fuertemente ambivalente y cuya figura estaba en la base de la construcción de este superyo menoscabante.
Simultáneamente con este trabajo, Juan estaba muy atento para observar nuevas manifestaciones. De este modo, logró registrar más fácilmente los pensamientos de esta índole que aparecían, escribirlos  y ponerlos en perspectiva. Se decía y escribía cosas como “ahí está de nuevo el amo negativo”, a la vez que ponía por escrito los pensamientos correspondientes. Traía luego este material a la sesión y seguíamos trabajando sobre él.
Conjeturo que si el paciente no hubiera trabajado con el diario y no hubiera hecho estas anotaciones a partir de estar atento a pesquisar los pensamientos involuntarios, éstos se le habrían pasado por alto, como tantas otras veces había ocurrido, y no habría tenido mucho para comentar sobre este tema en la sesión, excepto que nuevamente había perdido el interés, con lo cual la detección de esta situación nos habría insumido mucho más tiempo y esfuerzo, especialmente porque nada en los pocos sueños que había traído hasta el momento, ni en sus asociaciones, ni en los movimientos transferenciales, brindaba todavía material como para hacer inferencias en torno a las razones del desaliento.
Fue también del mayor interés observar cómo este trabajo de automonitoreo, procesamiento reflexivo y escritura producía un efecto en sí mismo  (además de servir para la recolección de material para la sesión), consistente en que, a partir de estar haciendo estas anotaciones, el desaliento que Juan sentía era menor y, cuando surgía, tenía con qué contrarrestarlo, ya que había descubierto cómo se producía, su origen en esos pensamientos, los que, entonces, pasaban de ser los determinantes desconocidos del desaliento, a ser algo que requería ser detectado, puesto por escrito y afrontado de una manera activa.
Juan había dejado de estar a merced del efecto de pensamientos que desconocía, respecto de los cuales tenía una posición pasiva, para pasar a ponerse activo en relación a ellos.
Estos ejemplos, y muchos otros que se podrían citar, muestran con elocuencia, según creo, la utilidad que puede tener la práctica de la escritura entre sesiones para que el paciente incremente su capacidad de registrar y diferenciar sus pensamientos y sentimientos, reflexionar sobre los mismos, detectar nexos entre éstos y sus síntomas, regular sus emociones, etc. Podemos sintetizar todos estos rendimientos diciendo que mediante el poner por escrito el paciente incrementa su capacidad mentalizadora, con lo cual dicha práctica se revela como un útil y valioso complemento del trabajo realizado en común con el terapeuta en el espacio de la sesión.

 

(*) Gustavo Lanza Castelli
gustavo.lanza.castelli@gmail.com
www.mentalizacion.com.ar/

Referencias:

Asay, T., Lambert, M.  (1999) The Empirical Case for the Common Factors in
      Therapy: Quantitative Findings, en The Heart and Soul of Change. What Works
      in Therapy.  American Psychological Association.
Dimaggio, G, Semerari, A  (a cura di) (2003) I Disturbi di Personalita. Modelli e
      trattamento. Stati mentali, metareppresentazione, cicli interpersonali  Editori
      Laterza
Fonagy, P., Gergely, G., Jurist, E., Target, M. (2002) Affect Regulation,
      Mentalization, and the Development of the Self.  Other Press.
In Session. Psychotherapy in Practice (2002) Nro 58.
Lanza Castelli, G (2004) El uso del diario personal en la psicoterapia psicoanalítica 
      Actualidad Psicológica, Julio 2005
Lanza Castelli, G (2010) Poner en palabras, mentalización y psicoterapia
      Aperturas Psicoanalíticas, Nro 36.
Nichols S., Stich, S. (2002) Reading One´s Own Mind. A Cognitive Theory of Self-
      Awareness, en Smith, Q, Jokic, A (eds) Aspects of Consciousness. Oxford
      University Press. Oxford

 

 

 

 

 
 
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