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¿Bipolaridad ?, para quién?

por Lic. Mónica Tobia. Psicoanalista.

"Ahora bien, la controversia teórica es las más de las veces infecunda. Tan pronto uno empieza a distanciarse del material del que debe nutrirse, corre el riesgo de embriagarse con sus propias aseveraciones y terminar sustentando opiniones que cualquier observación habría refutado"
 Sigmund Freud. 

Se ha propuesto un tema que actualiza las conceptualizaciones que tanto Freud como Lacan han producido al pensar la tensión entre   Psicoanálisis- Psiquiatría y Psicoanálisis- Medicina. Digo actualiza ya que comenzaré relatando parte de una conversación que hace no mucho tiempo tuve con una psiquiatra, en marco del tratamiento de una paciente que atendí.
Quisiera dejar el recorte de esta charla, que recuerdo en su textualidad en el horizonte de lo que vengo pensando acerca del tema que nos ocupa. Con la intención de no cerrar cristalizaciones teóricas o de disputas de saberes, sino de dar lugar a los interrogantes que a diario nos plantea la clínica psicoanalítica.
Me dice la psiquiatra:
“…..con absoluto respeto, licenciada le digo, que estamos frente a un caso muy grave y estimo no se trata, discúlpeme, solo de palabras, – en el buen sentido se lo digo-(…) Yo atiendo a S. hace siete años y la tuve que internar en cinco oportunidades por intentos de suicidio. Es bipolar, con episodios depresivos importantes (…) como el de ahora. S. tiene que salir de esto, tiene que trabajar (…), basta de quejas, sus internaciones están dejando severas marcas” (…). (Los subrayados me pertenecen)


Me encontré, con la puesta en acto de la tensión de la que hablaba al comienzo. Si el diagnóstico de bipolaridad al que arriba mi interlocutora formaba parte nada menos que del ser de mi paciente, las cartas para S. estaban jugadas. ¿Cómo operar en la dirección de la cura para conmover después de cinco años los efectos de esa su-posición?
Los caminos que abre esta pregunta son diversos, podríamos así  -y porqué no- discutir desde el psicoanálisis con la psiquiatría, acerca de la posición con respecto al saber, que se pone en juego a la hora de precipitar un diagnóstico que dé orientación a la dirección de la cura. Pero el recuerdo de una noticia aparecida en el mes de abril de este año- muy fugazmente en medios televisivos-  me decidió a tomar el camino mas largo. ¿Qué lugar tenemos los psicoanalistas en esto que tanto no aqueja, como la generalización del diagnostico que hoy nos ocupa?  
(Agencia EFE)-México –Distrito Federal. “No logran registrar causas médicas para la atrofia muscular generalizada, que afectó a 600 niñas.
Las autoridades de salud de México se mantienen alerta por una histeria masiva que afecta a unas 600 niñas de un internado de religiosas surcoreanas, cuya directora aceptó dar ayuda psicológica externa para tratar el padecimiento que dejó sin caminar a cientos de adolescentes.
Los médicos que han hecho análisis dicen que es una imitación entre ellas, es psicológico, (….) nos impresiona mucho, nos impacta mucho, el que sí, sufren por no poder caminar, (….)". El fenómeno, que se manifiesta con atrofia muscular y mareos, inició en octubre de 2006 afectando a dos niñas; cuatro meses después ya eran 200 las menores enfermas, a las que se sumaron otras 400 en marzo pasado.
Tras realizarles numerosas pruebas clínicas, médicos del Hospital Infantil de México y de la Secretaría de Salud concluyeron que el padecimiento es producto de lo que comúnmente se conoce como histeria de masas.
Ellas solamente pueden ver a sus padres dos veces al año, tienenprohibido salir del internado, y si lo hacen es una sola vez.Reciben cartas de sus padres, pero tienen prohibido responderlas (…)
Las niñas dicen que están enfermas por las madres superioras que les dan comida podrida y agua contaminada. Las autoridades responden que este dato no se corresponde con la realidad. Dice una de las monjas: Las niñas están imitando, lesionan sus articulaciones, eso les impide caminar bien". (Los subrayados me pertenecen)

Hasta acá la noticia, entonces ¿interrogamos la novedad?
¿Será el azar y su capricho el que eligió este lugar de lageografía, bordeen el que se intenta levantar un muro que asile lo nuclear del discurso capitalista y sus destinos?
 Al comentar “el caso”, con numerosos colegas, siempre surgía la misma sensación de extrañeza y de sorpresageneralizada. Causa impacto, las niñas del internado, las cartas, las madres envenenando la comida y la imposibilidad de responder a  los padres,- dice la noticia,- precipita un síntoma de conversión precisamente en el lugar donde se ejercía la prohibición, que vía la identificación al síntoma, deja sin caminar a las seiscientas adolescentes.
Me pregunto, ¿Qué es lo que nos está sorprendiendo a los analistas? ¿Que haya histeria, y encima con síntomas de conversión? ¿Que la identificación al síntoma descripta por Freud, en Psicología de las Masas… se produzca? Se desprende lógicamente entonces, que también nos sorprende que haya discurso del síntoma. Y que éste estalle precisamente en este dado en llamar capitalismo tardío, o pos moderno poniendo en jaque, en alerta al Estado. ¿Cuántas veces nos encontramos en ateneos clínicos; mesas redondas; o jornadas debatiendo el porqué ya no vienen al hospital, ni Dora, ni Catalina, ni Isabel?
En alerta nos pone el síntoma permitiéndonos reconsiderar algunas cuestiones que hace rato se vienen sosteniendo. La teorización de lo que se ha dado en llamar la clínica actual, gira en algunos casos en lo que se supone son efectos de una época en la que han caído los grandes ideales modernos, con su consecuente impacto en la subjetividad. Me pregunto en  cambio,  si de lo que se trata, es de un pase de sentido, pues tal como lo plantea Lacan el significante del Nombre del Padre está en la cultura. Se ha sustituido el ideal de progreso por ejemplo, por el ideal de progresar en la acumulación de objetos. No han caído los ideales, considero que han declinado sus versiones. No es lo mismo por ejemplo, que el deseo se regule fantasmáticamente entorno a “mi hijo el Doctor” –“primera modernidad”–inherente al valor-, a que el sujeto quede interpelado por “pertenecer tiene sus privilegios”- inherente al precio-. Esta distinción no será sin consecuencias en las formas en que lo sintomático se presenta.
Podemos decir rápidamente- pues las coordenadas del presente trabajo me  impide su despliegue- que la versión moderna posibilita la metonimia deseante. En cambio la declinación globalizadora bordea el goce. Variará entonces la estructura formal del síntoma en tanto difieren las significaciones al sujeto, su-posición. Pero es de tener en cuenta que el efecto producido por dicho desplazamiento- que es impensable sin las discontinuidades paradigmáticas que implican a los cambios de época- nos deja considerando modos de presentación sintomática  que retornan desde el Lenguaje, en el Discurso. Digo in-loco. 
Es el discurso único del fin de la historia,  el que ha caído de la cima de las torres y con él se precipitó también, la ilusión de completud comunicativa que diagnosticaba el fin de la histeria. Considero que es dentro de este marco el intento de pensar que ocurre con un diagnóstico que cual prenda, parece caerle bien y a medida  a cuanta tristeza, o alegría en “demasía” se presenta. Sin desconocer cuan a medida le  cabe al mercado. La medicalización de la niñez y la adolescencia ya cuenta con índices alarmantes. Se habla de niños bipolares y de adolescentes autistas y deprimidos.
No es solo una cuestión de desaciertos diagnósticos, es una cuestión del  discurso a sostener y de sus efectos a la hora de arribar a un diagnóstico.
Gran parte de la psiquiatría, no toda por su puesto,  sustituyó su clínica vía el Manual Norteamericano-Inglés por sumisión al  subsidio del mercado medicamentoso. Por lógica consecuencia debió desaparecer de su nomenclatura la neurosis. Frente a este estado de cosas los psicoanalistas alzamos nuestra voz.  Bien, pero cuando interrogamos la trama simbólica por la que se actualiza la clínica, ¿cuantas veces tenemos en nuestro horizonte el discurso del síntoma? Para qué lado miramos. Debatimos desde la fenomenología: patologías de urgencia; patologías del acto; sujetos desabonados del inconciente; etc. Por las vías teórico- referenciales: la clínica del significante;  la tercer clínica; el último Lacan; la clínica de los nudos, la clínica del acto.
Creo que si la llamada bipolaridad acompañada de su pastillita hace su agosto sobre esta torre de Babel, nos debemos un amplio debate al interior de nuestro oficio. ¿Por qué en el país del psicoanálisis, los diagnósticos de bipolaridad; ataques de pánico; ADD, etc., tienen tanta pregnancia?
Si nos preocupa la mercantilización de alguna psiquiatría, consideremos asimismo nuestro lugar en las conceptualizaciones que producimos. Y con esto no sostengo una pregunta hecha desde un ideal de pureza dogmática, ya que ésta suele ser casi siempre ideológica y de filote fascista. Intento leer la captura de una dominancia discursiva, de cuya lógica ningún hablante- ser está exento, ¿porqué habríamos de estarlos los analistas? De todos modos, una cosa es estar advertidos de capturas discursivas que como tal nos exceden, y otra muy distinta es hacer de esta lógica estructural el sostén de nuestras resistencias.   
Si cuestionamos solo la “generalización” del diagnóstico de bipolaridad” -y la convocatoria al tema posibilita el debate.- ¿será que estamos aceptando a la bipolaridad como un diagnóstico posible?
La subjetividad de una época, esa que Lacan nos conmina a tener en nuestro horizonte, es efecto del orden simbólico, que configura un determinado imaginario, siempre pasible de tropezar con lo real que ha dejado como resto.
¿Cual es la subjetividad de nuestra época, en principio plasmada en el discurso dominante que intenta completar el ámbito de la llamada Salud Mental?  La “salud” lograda. Reza el DSMIV: “Actividad satisfactoria en una amplia gama de actividades, NUNCA PARECE superado por los problemas de su vida, es valorado por los demás a causa de sus abundantes cualidades positivas: sin Síntomas”. (los subrayados me pertecen)
Al Amo de turno, ya no le alcanza con que la cosa marche bien, en su cenit discursivo toma relevo la certeza de una felicidad que detenta poseer. Si del lado del Amo la promesa se sustituye por la certeza, al esclavo solo le quedará un orden sacrificial de su existencia. Escuchaba hace tiempo una conferencia en donde José Grandinetti mencionaba, lo que considero es una de las versiones imperativas de tal certeza: “sea prozacmente feliz”.
Sin síntomas, he aquí la versión del ideal a sostener. Por supuesto cuando este parecer, se sustituye por lo que a-parece, estalla. Acontecimiento mediante, el sujeto no se reconoce, su acervo fantasmático entra en tembladeral, se deprime la ilusión de  lo logrado en el  sostén. Dando entrada en ocasiones a un  circuito infernal de “éxitos” - “fracasos”, vehiculizados por la proliferación de objetos, que por su puesto no colman sino que develan cada vez más des-carnadamente su función de señuelos.  Este ciclo se coagula en la ilusión de lo instantáneo, haciendo confundir en ocasiones, la posición del Sujeto en el fantasma, con el famoso swicheo. Palabra que muchas veces determina el diagnóstico.
El no desatender estas formas de aparecer de lo sintomático, no nos autoriza a confundir fenómeno con estructura.
Decía que con la subjetividad de estas épocas,- que se coagulan cada vez más del lado del instante-, resulta conveniente proceder con la prudencia que nos permita escuchar, el despliegue de las otras dos escansiones temporales, de cuya lógica Lacan nos advierte, constituyen el dispositivo analítico. Tiempo lógico en la dirección de la cura, que transferencia mediante nos posibilite el momento de arribar a nuestra posición diagnostica. Prudencia, también al teorizar los modos de presentación de este real que es la clínica.
Freud, procedió con cautela a la hora de poder dar cuenta de la lógica en juego, que subyace a la que considero es una de las posiciones subjetivas que nos convoca.
Instantes en la escucha, tiempos de la transferencia, momentos en el descubrimiento de lo inconsciente. No dejó de pensar a la psiconeurosis narcisista en relación a la transferencia. De las Nuevas Puntualizaciones  sobre las Neurosis de Transferencia, a la Introducción del Narcisismo en la teoría de la libido, pasó mucha clínica bajo su escucha.
Así escribió las características de una posición subjetiva que si bien “no hacía transferencia”, tampoco se dejaba reconducir a las neurosis actuales. Escuchó como las palabras jugaban un conflicto que ya no era entre el Yo y el Ello, pero tampoco entre el Yo y la realidad.
Podemos decir con Lacan, que lo más real de lo imaginario retorna en la voz del autorrepoche melancólico, sumiendo al sujeto a la eternización de un deseo que no encuentra a veces mas límite que la muerte, en el acto suicida. Identificado a ese puro resto del asesinato del padre, que como  voz, no cesa de ensombrecer el Yo. 
Las ciencias -médicas o psicológicas- le han demandado siempre respuestas al psicoanálisis,  para luego declarar impotente su praxis. ¿Es el psicoanálisis eficaz para atender a las nuevas patologías?; ¿Que puede hacer el psicoanálisis si ya no quedan las histéricas freudianas y sus conversiones?; ¿Que hace el psicoanálisis con las adicciones, el ataque de pánico, la bulimia, la anorexia y la bipolaridad? ¿Puede un paciente con estas patologías esperar  doce o quince años para curarse? ¿Perdurará el diván en siglo XXI, el siglo de cúrese ya, el de las psicoterapias?
Horas después de su última internación llega S. a su primer día de consulta. Con las cartas jugadas se presentaba: “soy bipolar”. Así comienza a hablar. Pasadas las primeras casi diez entrevistas, en un momento, por lo demás fecundo, S. observa por azar el paquete de cigarrillos de su analista. Las letras de la marquilla se entramaron a posteriori con el decir de su historia haciendo crujir el significante de la transferencia. S. había cambiado de marca. Más allá de todos. Incluso mas allá de la angustia que en muchos tramos de su tratamiento embargó a la persona de su analista S. dejó de jugar con su vida, para dejarse jugar con las palabras que la decían.
Del discurso capitalista formalizado por Lacan, solemos repetir que está destinado a reventar. Pero a veces olvidamos lo astuto de su posición. Creo entonces,  que de nosotros los psicoanalistas dependerá que el psicoanálisis no reviente con él.

 


 

 

 
 
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